domingo, 28 de junio de 2020


Un sencillo gesto de la Mano que me sostiene, de la que me asgo, confiando y sintiendo, elevando la mirada de manera regia e intensa, sin miedos. Esa Mano que me alimenta y me guía. Esa Mano que se ennoblece sobre mi piel, que acaricia el silencio de mi pensamiento cuando, erguido, se entrega a Él. 

Azul de Magdalia

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